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Un cuento: el cuento, por Armando Quintero
 
 
 
No al préstamo de pago en bibliotecas, por Pilar Muñoz López
 
 

Desde la gente que escucha y cuenta cuentos

© Armando Quintero
Profesor, Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela).


-1-
Los cuentos nacen de las palabras vivas, sonoras, vibrantes y significativas. Poseedoras - aún - del aroma y del sabor del café o del chocolate que se expanden con ellas en espirales maravillosas, desde las tazas y las bocas, a los corazones enternecidos de los hombres y mujeres que las comparten.


-2-
Los cuentos nacen de las palabras que brotan en las hogueras, los patios, las reuniones, es decir, en todos aquellos espacios que comparten los que hablan y los que escuchan.


-3-
Los cuentos crecen, como los girasoles - siempre vivos y luminosos- de Van Gogh, para adornar los centros de las mesas en la sencillez de las casas, los apartamentos o los lugares donde el hombre vive, donde el hombre es.


-4-
Los cuento se donan desde adentro, como los frutos maduros y frescos de los bodegones de Cézanne: servidos para todos, en la mesa de todos.


-5-
Los cuentos son el corazón, son los pulmones, las entrañas todas de los que cuentan y de los que los escuchan. Y se dicen - "con toda la voz y con todo el cuerpo"- para verlos, más que para oírlos.


-6-
La gente que escucha los cuentos y la que los cuenta ha aprendido que se hacen más hermosos con cada cuento. Por ello, los cuidan mucho: desde el mismo momento en que los eligen, hasta más allá de los momentos en que los donan.


-7-
La gente que escucha los cuentos y la que los cuenta se divierte, por igual, en reinventar los cuentos para que los reinventemos. Como ha sido por los tiempos de los tiempos y, entre todos, seguirá siéndolo.


-8-
La gente que escucha los cuentos, y la que los cuenta, se despiertan con la llama viva que funde el esqueleto de cada historia, vibrando con sus sonidos en el viento y, asumen que "se improvisa sobre lo que se conoce, no sobre lo que se olvida o desconoce", como nos ha aseverado Enrique Buenaventura.


-9-
La gente que los escucha y la que los cuenta conversan a través de la poesía de los cuentos, sabiendo que ninguno de ellos es inocente pero que están llenos de las posibilidades del amor, del humor, de la ternura.


-10-
La gente que escucha y la que cuenta cuentos forjan una conversación común - a su imagen y semejanza - con su tiempo, su espacio, su intimidad compartida...
A cada cual según se cuenta.
De cada cual según se sienta.
Con cada cual según se sueña.


-11-
La gente que escucha los cuentos, y la que los cuenta, comparten sus miradas, sus movimientos, sus más pequeños gestos: compartiendo vidas para vivir más vidas.


-12-
A través de todos los lenguajes, la gente que escucha y la que cuenta cuentos, lee el relato que se hace, las historias que se reinventan, el cuento que revitalizan.


-13-
La gente que escucha los cuentos, y la gente que los cuenta, no perdonan a los que les mienten, o a aquellos que se mienten, ya que sus palabras - si es que las tienen - son cántaro roto, imposibilitados de servicio por su propia vaciedad.


-14-
Ante la complicidad de escuchar y de escucharse - que es su decir y su silencio preñado de palabras - la gente que escucha y la que cuenta devuelve multiplicada la voz de todos los cuentos.


-15-
Los cuentos fueron, son y serán creados, recreándose, para guardarse en la memoria de los que vienen y de los que se van.


-16-
Los cuentos serán narrados, cuantas veces la memoria los revierta, en el acto siempre vivo de la palabra que se dice.


-17-
La gente que escucha los cuentos, y la que los cuenta, sabe desamarrar los mundos fabulosos que les abren sus puertas y ventanas para abrir nuevas puertas y nuevas ventanas, que vienen de otras puertas y otras ventanas que se abrieron frente a alguien, en algún momento, en algún espacio, bajo alguna situación.


-18-
La gente que los escucha, y la que los cuenta, agradecen el amor de todos. Como agradecen la maravillosa existencia del Credo de Aquiles Nazoa, los cuentos de Luis Luksic, las tonadas de Simón Díaz, los colores y los matices de Armando Reverón, entre otras maravillosas realidades de lo posible y lo imposible.


-19-
Es desde el amor de donde nacen los mejores cuentos, las historias más grandes, las más pequeñas narraciones: las que todos aceptamos que nos dicen, porque dicen.


-20-
La gente que escucha los cuentos es hermana de la que los cuenta, o viceversa. Aún más: son uno, porque son entre ellos con los otros.


-21-
La gente que escucha y la que cuenta aprendieron que contar es fundar un único corazón no solitario: un corazón solidario, multiplicado y multiplicador. Como siempre lo ha sido, y lo será, por los siglos de los siglos.

-22-
La gente que escucha y la que los cuenta ha sido, es y será como la rosa blanca de Martí: cultivada y cultivadora, en todo tiempo y para todos, entre las palabras de cada cuento.


-23-
La gente que escucha y la que cuenta los cuentos sabe que no sirven a la tecnología. Ella les sirve, entre tantas posibilidades, para hacer correr el viento más aprisa y dibujar arco iris con las palabras que se dicen.


-24-
La gente que escucha los cuentos, y la que cuenta:
"quebrarán las distancias
con el hilo mágico de la poesía
inscrita en las alas
de una fibra óptica
que tal vez nunca sospeche
la calidad de los pasajeros
que se cuelan entre sus redes
para irrigar la esperanza"
como algunos lo leyeron en un documento poético de estos tiempos, y que han hecho como suyo, por pertenecerles.

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Un cuento: el cuento

© Armando Quintero
Profesor, Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela).

A Ayax Barnes (in memoria) y a Beatriz Doumerc: que con La Línea (y con sus líneas) me posibilitaron la realidad de este texto.


Si encuentro la palabra Cuento - no abandonada, pero sola por ahí - me pregunto:

¿ Cuento? : ¿ yo cuento?

¿ Cuento? : ¿ yo enumero?

¿ Cuento? : ¿ yo calculo?

¿ Cuento? : ¿ yo narro un suceso?

¿ Cuento? : yo enumero sucesos.

¿ Cuento? : yo calculo mis palabras para narrar un suceso.

¿ Cuento? : yo cuento un cuento.

El cuento: palabras que enumeran sucesos.

Yo cuento: las palabras que nos dicen de las cosas que le pasaron a alguien, en un lugar y en un tiempo.

Las palabras prohiben, censuran, corrigen, enseñan y divierten.

Un hombre con las palabras se enreda, se aísla de los otros hombres, vacila, duda, retrocede, quizás no llegue a ninguna parte y las abandona.

Un hombre con las palabras se comunica, se apoya con los otros hombres, afirma, experimenta, avanza, quizás llegue a muchas partes y las alimenta.

Un hombre con las palabras hace poemas y cuentos.

Un hombre con los cuentos detiene, separa, divide, engaña, prohíbe, ataca, destruye y cuenta contra el hombre.

Un hombre con los cuentos mata o deja morir.

Un hombre con los cuentos avanza, une, multiplica, es veraz, admite, comparte, construye y cuenta con y para el hombre.

Un hombre con los cuentos vive y deja vivir.

Un hombre con un cuento narra para imaginar: crea la maravilla de nuevos mundos reales, sin evadir las realidades.

Traza una campana que resuena en todos, con todos, para todos.

Abre las puertas y las ventanas que liberan los pájaros enjaulados en nuestros cuerpos.

Le pone tortugas a nuestros pasos para que los guepardos, que agitan nuestras faenas diarias, también descansen.

Une sus manos con los otros hombres, para defendernos y renovar nuestros corazones abiertos.

Un hombre con un cuento narra para encontrar más cuentos.

Porque después de todo - así lo reciba como la pluma de un ángel o, simplemente, lo intente hacer por sí: para sorprender o sorprenderse, para confiar en los otros, para compartir con los demás o para amar y ser amado - ¡cada hombre creará, siempre, su cuento o su poema! ¿O no?

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¡Inténtalo tú!
Escribe tu cuento.
Haz tu poema.
¡Comparte tu corazón!
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Cualidades de un narrador

© J.J.
Narrador oral guatemalteco que combina sus espectáculos con cuentos y artes clásicas japonesas.


El narrador o cuentero es un hombre abierto al mundo, para lo cual no necesita ninguna instrucción, él aborda el mundo de manera simple, natural y confiado, de esta manera brinda confianza.

Podrá decirse de un narrador que es un hombre sabio. consejero, que entretiene a los demás, que es un buen platicador, pero después de todo, él es un maestro de las palabra-mentira, con frecuencia dice cosas que no puede probar, es un mentiroso. Sin embargo es necesario precisar que sí él es un mentiroso, no lo hace con el fin de perjudicar. El narrador cuenta las historias que ahora nadie cree, las mentiras de las cosas verdaderas y reales, la realidad de todas las ficciones.

Confía en el valor de la palabra, sabe que la palabra crea ataduras muy dificiles de vencer, trabaja con la magia de la palabra, porque la palabra es vida, es amada por los dioses, por el Corazón de la tierra, por el Corazón del cielo, pues a su conjuro el mundo fue creado.

El narrador es un gentil mentiroso que va por el mundo sembrando granos de esperanza, amor y fraternidad en el corazón de quienes quieren escucharlo.

El cuentero cuenta cuentos que llaman a la reflexión y sabe escuchar la voz de otros cuenteros que también llaman a la reflexión.

El narrador cuenta con el silencio, dibuja con los pies espacios de fantasía y sueño y tomado de la mano con la realidad, cuenta los cuentos con amor.

Es ajeno a lo que narra, sabe de lo que cuenta, lo que hay por saber y lo cuenta como cronista, sin comentarios, no se perturba ni es pertubado, no formula juicios morales, ni de otro tipo sobre lo contado, él cuenta y nada más cuenta.

No pone los cuentos en tela de juicio, para él no hay diferencia entre lo creíble y lo increíble; él viene y cumple su tarea o su misión de contarlo todo y habla de los vivos como de los muertos, asociando sin pestañar el fantasma con lo tangible.

Sabe con maestría reducir y condensar los acontecimientos sin quitar vitalidad a los cuentos, él sabe enlazarlos por medio de blandas transiciones.

No se cansa de tejer, trenzar y re-elaborar las viejas formas de consejas, llenas de ocultos sentidos.

Es un sacerdote-brujo, que deposita las reliquias, los amuletos, los talismanes en el corazón de los hombres para agradar a los dioses y estar bien con la vida.

Es un sabio, médico, consejero e historiador. Él no deja de contar porque sabe que el arte de contar es tan vieja y tan nueva como la vida. Y también sabe, que sí los cuenteros dejan de contar la mayoría de los hombres, o todos, sufren un empobrecimiento.

El narrador tiene la capacidad de saber extraer de la anecdota todo lo que verdaderamente contiene. Ve a los personajes del cuento como figuras vivas, no como abstracciones simbólicas; sabe acomodar los diálogos al carácter, a la intención de la fábula, sabe graduar con ingenioso ritmo la peripecias del cuento.

El narrador usa sólo las palabras indispensables para expresar la acción, conoce la brevedad del cuento porque se limita a contar un hecho y nada más uno.

Es como el capitán de un barco, no levanta anclas para dirigirse a todas partes y ni siquiera a dos puntos a la vez, es preciso y concreto en sus acciones.

No busca la instrucción ni la moral, pero sus narraciones son códigos de mil formas que han sido siempre, en toda época, uno de los hábitos, una de las necesidades, una de la alegrías de la humanidad.

El narrador ha estado con sus cuentos cerca de las cuna de los niños, cerca de la cuna de los pueblos.

Los cuenteros tienen en su palabra cuentos que son un remedio milagroso contra las lágrimas, el sudor y las fatigas de cada día.

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J.J., Tokyo, Japón 2003

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MANIFIESTO DE AUTORES EN DEFENSA DEL PRÉSTAMO EN BIBLIOTECAS

Ante el anunciado proyecto de estipular que los autores y editores cobren derechos por los préstamos de libros efectuados en las bibliotecas públicas, los y las abajo firmantes queremos expresar nuestra más enérgica oposición a una medida que -pese a algunas declaraciones demagógicas al respecto-, incidiría inevitablemente en los ya de por sí exiguos presupuestos de las bibliotecas (como ha sucedido con el IVA y con otros gravámenes recientes).

El argumento de que los autores, al poderse leer gratis sus libros en las bibliotecas, pierden compradores, es una burda falacia. Muy al contrario, las bibliotecas dan a conocer los libros, los promocionan y permiten que estén en circulación durante años, en un momento en que en las librerías solo duran, en el mejor de los casos, algunos meses. Y esto permite mantener viva la presencia de muchos autores que, de otro modo, desaparecerían casi por completo del panorama literario.

Por otra parte, las bibliotecas, tanto por su actividad principal como por sus numerosas actividades secundarias (organización y seguimiento de clubes de lectores, seminarios, talleres, conferencias, exposiciones, encuentros con autores, etc.), fomentan y apoyan la afición a la lectura más que ninguna otra institución pública o privada, lo que también redunda directamente en beneficio de los autores.

Cuando una biblioteca compra un libro, no solo abona los correspondientes derechos de autor, sino que además invierte espacio, tiempo y recursos en catalogar, preparar para el préstamo y almacenar ese libro, convirtiéndose, de este modo, en la mejor aliada de autores y editores. Exigirles a las bibliotecas que, además, paguen un canon por prestar los libros -es decir, por prestar un servicio público de primer orden- es, más que un disparate, un ataque contra la cultura.

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No al préstamo de pago en bibliotecas


© Pilar Muñoz López


Acogiéndose a una directiva europea (la Directiva 92/100/CE sobre derechos de alquiler y préstamo y otros derechos afines), las entidades de gestión de derechos de autor CEDRO y la SGAE pretenden cobrar por el préstamo en bibliotecas, alegando que la gratuidad de este servicio público atenta contra el derecho de autor.

Pero este argumento es una falacia, pues, en primer lugar, cuando una biblioteca compra un libro ya está abonando los derechos de autor correspondientes y, por otro lado, parece dudoso que ese pretendido canon fuera realmente a engrosar los bolsillos del autor, habida cuenta de que por contrato éste deberá ceder al editor la autorización y el cobro del préstamo en bibliotecas a través de una entidad de gestión. Pero es que además son las bibliotecas y no las librerías (obligadas a renovar casi a diario sus estantes por la avalancha continua de novedades editoriales) las que verdaderamente mantienen disponibles y difunden los libros. Las bibliotecas, por tanto, no sólo no hacen la competencia a editores y autores, sino que son sus verdaderas aliadas.

El canon que se pretende imponer recaería sobre todos los ciudadanos, pues se ha planteado cobrarlo de manera indirecta, es decir, detrayéndolo de las partidas presupuestarias que las distintas administraciones destinan a bibliotecas, dinero que se saca de nuestros impuestos. Pero la cuestión tiene mucha más trascendencia que el aspecto meramente económico, por más que éste sea la causa última: el préstamo de pago no es sino una mercantilización de los bienes culturales que supone un paso más en la progresiva privatización de los servicios públicos y un ataque frontal al derecho a la cultura de todos los españoles, recogido en nuestra Constitución (art. 44.1).

Desde CEDRO y la SGAE se publicita la obligación del Estado español de someterse a la normativa comunitaria y el proceso abierto por la UE a seis países europeos (entre ellos el nuestro) por las amplias excepciones que sus legislaciones nacionales contemplan para este canon. Pero se silencia que la propia Directiva señala que "Los Estados miembros podrán eximir a determinadas categorías de establecimientos del pago de la remuneración" (art. 5.3), atendiendo a la tradición cultural y la situación específica de cada país. De hecho la intención de la citada Directiva se centraba en sistemas bibliotecarios fuertemente asentados, dotadas de suficientes medios y donde el préstamo es muy elevado, panorama de otros países europeos muy alejado de la situación de las bibliotecas en España.

Consciente de estas diferencias entre países comunitarios, el Comité Económico y Social elaboró en 1991 un informe sobre la Directiva en el que señalaba que "la utilización de un derecho de préstamo no debería causar perjuicio al funcionamiento de las bibliotecas públicas imponiéndoles costos excesivos" (art. 2.2.2.3). Pues bien, en nuestro país las tasas que deberían pagar las bibliotecas pondrían en riesgo la adquisición y tratamiento de nuevos ejemplares, así como las actividades de difusión de la lectura, amenazando seriamente su supervivencia.

La exención reconocida por la norma comunitaria queda recogida en la Ley de Propiedad Intelectual española, transposición de la citada Directiva: "Los museos, archivos, bibliotecas, hemerotecas, fonotecas o filmotecas de titularidad pública o que pertenezcan a entidades de interés general de carácter cultural, científico o educativo sin ánimo de lucro, o a instituciones docentes integradas en el sistema educativo español, no precisarán autorización de los titulares de los derechos ni les satisfarán remuneración por los préstamos que realicen" (art. 37.2). Pero actualmente se trabaja en la reforma de esta ley, bajo las fuertes presiones de entidades tan poderosas como CEDRO y la SGAE, que pretenden introducir en el texto reformado el citado canon por préstamo.

Para evitarlo, en enero de este año las Bibliotecas Públicas del Estado iniciaron una campaña a la que se han sumado centenares de bibliotecas de otros ámbitos (universitarias, municipales), instituciones diversas, profesores, algunas editoriales, numerosos autores tanto literarios como del campo de las Ciencias y las Humanidades, usuarios de bibliotecas y público en general. Algunas de sus acciones han sido la celebración de las "Jornadas contra el préstamo de pago en bibliotecas" (20-21 de febrero, Guadalajara), la elaboración de distintos manifiestos, una cadena humana compuesta por bibliotecarios, editores, libreros, lectores y autores (la B.E.L.L.A. cadena) que rodeó la Biblioteca Nacional el pasado jueves 22 de abril, una carta al Defensor del Pueblo, firmada por miles de personas, solicitando su apoyo a esta causa o una entrevista con el Defensor del Menor (información completa en:
http://www.maratondeloscuentos.org/librolibre/jornadaslibrolibre.htm).

La campaña, que permanece abierta y tiene cada vez más fuerza y adhesiones, no va contra el derecho legítimo de los autores a defender sus derechos como titulares, derecho que las bibliotecas respetan y al que, como ya se ha dicho, contribuyen, sino contra el cobro por préstamo en bibliotecas y, por tanto, a favor de un servicio bibliotecario de calidad y del acceso libre para todos a la cultura y a la información.


Pilar Muñoz López es Doctora en Historia Contemporánea
y autora y usuaria de bibliotecas

Publicado en El confidencial digital

 

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El copyleft explicado a los niños (para desmontar algunos equívocos)

© Wu Ming 1, Il Mucchio selvaggio, número 526, 25 de Marzo de 2003
Traducción de José Luis Aznarte M.

"Pero... Si cualquiera puede copiar vuestros libros y pasar sin comprarlos, ¿de qué coméis vosotros?" Esta pregunta nos es hecha a menudo, la mayor parte de las veces seguida de la observación siguiente: " El copyright es necesario, ¡hace falta proteger a los autores!"

Este género de afirmaciones revela cuánto humo y cuánta arena ha conseguido arrojar la cultura dominante (basada en el principio de propiedad) y la industria del entretenimiento a los ojos del público. En los medios y en nuestras mentes se perpetúa la ideología confusionista en materia de derechos de autor y propiedad intelectual, pese a que el renacer de los movimientos y la transformación en curso la estén poniendo en crisis. Sólo a parásitos y gorrones conviene hacer creer que "copyright" y "derecho de autor" son la misma cosa, o que exista la contraposición entre "derecho de autor" y "piratería". No es así.

Los libros del colectivo Wu Ming son publicados bajo la siguiente nota: "Está permitida la reproducción total o parcial de esta obra y su difusión telemática siempre y cuando sea para uso personal de los lectores y no con fines comerciales". Esta nota está basada en el concepto de "copyleft", inventado en los años ochenta por el "movimiento por el software libre" de Richard Stallman y compañía, y está siendo aplicado en muchos sectores de la comunicación y la creatividad, de la divulgación científica y de las artes.


"Copyleft" (un denso juego de palabras intraducible) es una filosofía que se traduce en diversos tipos de licencias comerciales, la primera de las cuales fue la GPL [GNU Public License] del software libre, nacida para tutelar a éste último e impedir que nadie (por ejemplo Microsoft) se apropie y privatice los resultados del trabajo de comunidades libres de usuarios y programadores. Para quien no lo sepa, el software libre se caracteriza por tener el "código abierto", lo que lo hace potencialmente controlable, modificable, mejorable y copiable por los usuario.

Si el software libre hubiera sido simplemente de dominio público, antes o después hubiera caído bajo el control de los buitres de la industria. La solución fue revertir el copyright como si de un calcetín se tratase, haciéndo que pasase de ser un obstáculo a la libre reproducción a ser la garantía suprema de ésta última. En palabras llanas, si yo pongo copyright sobre mi obra, yo soy su propietario, y éste hecho me otorga poderes suficientes para decir que con dicha obra tú puedes hacer lo que te plazca. Puedes copiarla, difundirla, modificarla etc. Lo que no te está permitido hacer es prohibir que otro haga lo mismo, es decir, no puedes apropiarte de ella e impedir su libre circulación: no puedes poner copyright sobre ella, porque ya hay uno puesto y me pertenece, y además si lo haces te buscas la ruina y te las ves conmigo.

En resumen, un ciudadano normal, que no tiene dinero para comprar un libro de Wu Ming, o que no quiere comprarlo encuadernado, puede tranquilamente fotocopiarlo, escanearlo usando OCR o -solución mucho más cómoda- descargarlo gratis de nuestro sitio web www.wumingfoundation.com. Esta reproducción no es con ánimo de lucro, y por tanto está perfectamente autorizada por nosotros. Ahora bien, si un editor extranjero quiere hacerlo traducir y comercializarlo en su país, o si un productor cinematográfico quiere trasladarlo a la gran pantalla, eso es una reproducción con ánimo de lucro, y por tanto estos señores deberán ponerse en contacto con nosotros y pagarnos una cantidad, porque es justo que nos "lucremos" nosotros también, ya que el libro lo hemos escrito nosotros.

Volviendo a la pregunta inicial: ¿no estamos perdiendo dinero?

La respuesta es simplemente no. Cada vez más experiencias editoriales demuestran que la lógica "copia pirata = copia no vendida" no tiene nada de lógica. Si no fuera así, no se comprendería el hecho de que nuestra novela Q, descargable gratuitamente desde hace tres años, haya llegado a la duodécima edición y haya superado las doscientas mil copias vendidas.

En realidad, en el ámbito editorial, cuanto más circula una obra, más vende. Otros ejemplos de ésto vienen incluso de un país obsesionado con la propiedad intelectual como es EEUUA, y han sido descritos con cristalina precisión por mi colega Wu Ming 2 en un artículo que puede leerse aquí: http://www.wumingfoundation.com/italiano/Giap/giap2_IV.html#copyright1 .

Incluso sin incomodar al Massachussetts Institute of Technology, basta con explicar lo que está pasando con nuestros libros. Un usuario X se conecta a nuestro sitio y descarga, digamos, 54. Si lo hace desde el trabajo o la universidad y lo imprime allí, no se gasta un duro. X lo lee, y le gusta. Le gusta de tal manera que decide regalarlo, y por supuesto no puede presentarse en la fiesta de cumpleaños con un tocho de folios A4. Por tanto, se encamina a la librería y lo compra. Una copia "pirateada" = una copia vendida. Hay quien ha descargado nuestro libro y, a continuación de leerlo, lo ha regalado seis o siete veces. Una copia "pirateada" = varias copias vendidas. Incluso aquellos que no tienen dinero para regalos comentan a otros que han leído el libro y que les ha gustado, con lo que tarde o temprano alguien lo comprará o seguirá el proceso anteriormente descrito (descarga-lectura-compra-regalo). Si hay alguien a quien el libro no le gusta, por lo menos no se habrá gastado ni un céntimo.

De este modo, como sucede con el software libre y con el Open Source, se reconcilia la exigencia de una justa recompensa por el trabajo realizado por un autor (o más precisamente por un trabajador del saber) con la salvaguarda de la reproducibilidad de la obra (es decir, de su uso social). Se exalta el derecho de autor reprimiendo al copyright, en la cara de los que creen que son la misma cosa.

Si la mayoría de las editoriales no se han percatado todavía de esta realidad y son conservadoras en materia de copyright es por cuestiones más ideológicas que mercantiles, aunque creemos que no tardarán en abrir sus ojos. El mercado editorial no está en riesgo de extinción como la industria discográfica: son distintas las lógicas, son distintos los soportes, son distintos los circuitos, la forma de consumo también es diferente, y, sobre todo, el mercado editorial no ha perdido todavía la cabeza, no ha reaccionado con redadas en masa, denuncias y procesos a la gran revolución tecnológica que "democratiza" el acceso a los medios de reproducción. Hace unos cuantos años, una grabadora de CDs estaba disponible únicamente para un estudio de grabación, mientras que hoy la tenemos en casa, en nuestro ordenador personal. Por no hablar del peer-to-peer etc. Esto es un cambio irreversible, frente al cual toda la legislación sobre propiedad intelectual se convierte en obsoleta, se queda en estado de putrefacción.

Cuando se inventó el copyright, hace tres siglos, no existía ninguna posibilidad de "copia privada" o de "reproducción sin ánimo de lucro", ya que sólo un editor tenía acceso a la maquinaria tipográfica. Los demás estaban obligados a renunciar al libro si no podían comprarlo. El copyright no era percibido como anti-social, era el arma de un empresario contra otro, no de un empresario contra el público. Hoy la situación ha cambiado drásticamente, el público ya no está obligado a comprar, tiene acceso a la maquinaria (computadores, fotocopiadoras, ... ) y el copyright es un arma que dispara contra la multitud.

Quedan muchas cosas que decir, y debemos volver a lo básico: partimos del reconocimiento de la génesis social del saber. Nadie tiene ideas que no hayan sido directa o indirectamente influenciadas por las relaciones sociales que mantiene en las comunidades de las que forma parte, y si la génesis es social, el uso debe permanecer social a su vez. Pero esto es otra larga historia. Espero haberme explicado bien. Para más información: giap@wumingfoundation.com.

Para más detalles, enlaces en Castellano (i Català) sobre el copyleft y el software libre:


Textos sobre el copyleft:
http://www.sindominio.net/copyleft/textos.html

Free Software Foundation:
http://www.gnu.org/home.es.html
http://www.gnu.org/home.ca.html

Debian:
http://www.es.debian.org/international/Spanish
http://www.es.debian.org/international/Catalan/

Hispalinux
http://www.hispalinux.es/

Beatriz Montero

Teléfono: 651.732.693

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